9 feb. 2007

Radio-Tinell al ataque


Hombre, Buenafuente, estas cosas se avisan. Si además de pedírmelo dos veces me hubieras hecho saber que estabas desesperado y en las últimas de audiencia, pues no sé, a lo mejor había ido a tu programa para hablar de mi último libro y hacer una entrevista como la de Jesús Quintero. Bueno, eso es difícil, porque ni tú eres Quintero ni yo sería yo si me prestara a hacer de Rodríguez Ibarra con Julia Otero, pero al menos lo habría contemplado como caridad o como penitencia. Es cierto que fuiste más rápido que el Loco y que Madrid (o Barcelona) es un viaje más corto que a Sevilla, pero es que no me daba la gana aparecer por un programa en decadencia con un sujeto que ha quedado para los chistes de los náufragos de las pateras. En todo caso, lamento que el disgusto que pudiera darte mi rechazo a aparecer en tu programa y los índices de audiencia de Quintero te haya llevado a desairar a Ponferrada y sus premios. Míralo por el lado bueno: así haces méritos para volver a Barcelona a hacer las gansadas habituales en uno de los dos idiomas vernáculos que dominas incluso mejor que Montilla. Puedes ir a la cadena de televisión que os ha puesto Zapatero a los sectarios del progresismo al contado y el catalanismo a granel o puedes volver a TV3, de donde nunca has salido. Lo que no sé es cómo has tardado dos semanas en darte cuenta del agravio que para tu ética supone “compartir el palmarés” de esos premios conmigo. Sólo hay entre nosotros una diferencia: yo jamás te invitaría a un programa mío; tú me invitas al tuyo y yo no voy.
Más pena me produce, oh, dilecto Luis del Olmo, verte unido a Buenafuente en esta especie de Ku Kux Klan de las ondas, esa versión radiofónica del Pacto del Tinell que sobre el agravio a tu ciudad natal ha montado la progresía nacionalista. Yo creo que en vez de merodear por los medios de Polanco deberías concentrarte en tu programa, que va peor que el de Buenafuente, pero, en fin, ya eres mayor para recibir consejos. Yo siempre respetaré el recuerdo de cuando colaboraba en tu programa y tu condición de precursor de homo antecessor de la radiocomunicación, hertziana sobre berciana. Espero que el Tripartito te perdone la vida empresarial y puedas aspirar a la millonaria caridad de Rovireche y demás amigos de la ETA en Perpiñán. ¿Qué se hizo de aquel Luis del Olmo? ¿Y qué se hizo del que recogía conmigo hace pocos años el Micrófono de Plata en Menorca? ¿Todavía no habías descubierto mi maldad? ¿O es que aún no necesitabas descubrirla? ¡Pobre Luis del Olmo! Aunque no me hubieran dado premio alguno, habría ido a Ponferrada a ponerme a la sombra de la estatua erigida a tu ego y a meditar sobre la imperiosa necesidad de retirarse a tiempo. La alternativa es el ridículo.
Federico Jiménez Losantos.

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