24 ene. 2007

La policía tiró el arma del crimen a la alcantarilla



Federico Jiménez Losantos

¿Cómo puede seguir libre Sánchez Manzano? ¿Cómo puede seguir de juez Juan del Olmo? ¿Cómo puede seguir de fiscal Olga Sánchez? ¿Cómo puede este Gobierno, nacido del 11-M, seguir ocultando los datos esenciales de la masacre?
Más de una vez hemos comenzado un artículo diciendo: "Las últimas revelaciones sobre el 11-M son de tal gravedad que nadie en el Gobierno ni en la oposición, en la clase política y los medios de comunicación, podrá mirar desde ahora a otro lado". Pensemos en la continua demolición del sumario, en la demostración en los medios de comunicación de que las pruebas fundamentales del sumario estaban escandalosamente manipuladas, desde la mochila de Vallecas hasta el Skoda Fabia pasando por la furgoneta de Alcalá. Pero pensemos también en quién ha llevado a cabo contra viento y marea el desenmascaramiento de tantas mentiras: al principio y siempre en primer lugar El Mundo; después, Libertad Digital, que a las aportaciones de Luis del Pino ha añadido el nacimiento de los Peones Negros, conciencia crítica de una sociedad que se niega a condonar la masacre como un accidente en nuestras biografías sentimentales, al modo gallardonesco. Y pensemos, además, en la miserable y pertinaz campaña que desde los medios prisoicos se lleva a cabo contra estos investigadores anónimos y contra la AVT desde que proclamó el "queremos saber la verdad sobre el 11-M" como una de sus banderas de movilización fundamentales. El Gobierno y sus secuaces parlamentarios o mediáticos han competido en vileza para dar por locos a los decentes. Así que no podemos tener mucha confianza en los resortes morales de los inmorales.
Sin embargo, lo que este domingo publicaba El Mundo es de una gravedad extrema: Manzano, ex jefe de los TEDAX, ese hombre digno de toda sospecha, confesó al juez Del Olmo que había perpetrado el delito (porque delito es o lo parece) de no enviar a la policía científica las muestras de los trenes con restos de explosivo para determinar cuál era éste y cómo estaba compuesto. En todo crimen la investigación parte del análisis del arma. Pues bien, Manzano dice que arrojó el arma al contenedor de la basura. Y el juez ni siquiera le pregunta por qué. Es más, ni siquiera incluye en el sumario un dato tan revelador. Peor aún: la fiscal, que pidió formalmente que el testimonio de la criminal negligencia de Manzano constase en él, pronunció en público aquella frase inolvidable: "En los trenes ha estallado Goma 2 ECO ¡y vale ya!" . Y ella sabía que no había ningún análisis científico, ninguna prueba de que fuera ese explosivo o cualquier otro, porque no hay análisis científico de los restos de los trenes y, por tanto, no hay pruebas de nada.
¿Cómo puede seguir libre Sánchez Manzano? ¿Cómo puede seguir de juez Juan del Olmo? ¿Cómo puede seguir de fiscal Olga Sánchez? ¿Cómo puede este Gobierno, nacido del 11-M, seguir ocultando los datos esenciales de la masacre pese a que cada vez se hace más sospechoso de participar en la burla a las víctimas del 11-M y a la Justicia? El policía ha tirado el arma del crimen a la alcantarilla. ¿Cómo pueden respirar tantos pechos de lata, tantos medios de latón, tanto desertor moral, tanto sepulcro blanqueado?

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